Apnea del sueño, ¿por qué debes buscar tratamiento?

La apnea del sueño es algo más que roncar. De hecho, hay pacientes que la sufren y no roncan. El tratamiento es necesario porque multiplica el riesgo de problemas de salud serios.

Es difícil calcular el número de personas que sufren apnea del sueño, ya que la mayoría no sabe que la tienen, pero los especialistas calculan que entre 1.200.000 y 2.000.000 de españoles están aquejados de este trastorno. Este síndrome se produce en el 4-6 % de los hombres y en el 2-4 % de las mujeres y aumenta con la edad.

La señal más habitual de la apnea del sueño es la falta de respiración o apnea pero no todo el mundo que ronca sufre apnea del sueño y no en todos los casos se da este síntoma (el 90 % de los pacientes con apnea del sueño roncan; sin embargo, en la población general ronca el 49 % de hombres y el 25 % de las mujeres). Asimismo, no todo el mundo convive o duerme con alguien al lado que le avise de que ronca. En cualquier caso, más allá de molestar a las personas cercanas, la apnea del sueño requiere tratamiento por sus implicaciones en la salud del afectado.

Qué es la apnea del sueño

La apnea del sueño es un trastorno caracterizado por episodios repetidos a lo largo de la noche en los que el paciente deja de respirar durante algunos segundos o respira de manera muy superficial. Esto se debe a la obstrucción de las vías respiratorias superiores cuando la musculatura se relaja durante el sueño.

Hay factores de riesgo que predisponen a la apnea, un problema más frecuente en varones, pero que también afecta a las mujeres, sobre todo al llegar la menopausia. El síntoma evitable más relevante es el sobrepeso y la obesidad, seguido del tabaquismo, la toma de sedantes y, en el caso de los niños, tener las amígdalas y adenoides grandes. Otros factores como tener el cuello corto o ciertas formas del paladar o de las vías respiratorias también pueden incrementar la probabilidad de sufrir apnea del sueño.

Dentro de la apnea del sueño se distinguen:

  • Apnea obstructiva del sueño. Es la más frecuente y está ligada a la relajación de la musculatura de la garganta.
  • Apnea central del sueño. Es un problema neurológico que sucede cuando el cerebro no envía señales adecuadas para controlar la respiración.
  • Síndrome complejo de apnea del sueño. Es una combinación de las dos anteriores.

Síntmas de apnea del sueño

Si uno duerme con alguien al lado es relativamente sencillo saber que se tiene apnea del sueño porque percibe ronquidos, jadeos fuertes al respirar mientras el afectado está durmiendo y los episodios en los que deja de respirar durante la noche.

En caso de no dormir acompañado o de no roncar, es más difícil darse cuenta, pero hay pistas que nos pueden alertar al respecto. Fundamentalmente, estos síntomas se derivan de un descanso insuficiente durante el sueño y se resumen en cansancio diurno, somnolencia excesiva, dolor de cabeza al levantarse por la mañana, despertarse con la boca seca, irritabilidad, dificultades para concentrarse, falta de reflejos, despistes al hacer tareas que requieren cierta alerta, como conducir, etc.

Sin embargo, para otras muchas personas, a pesar de que no haya síntomas aparentes, se puede tener una apnea grave que se puede manifestar con otras molestias (taquicardias, aumento de la tensión arterial, etc.).

Riesgos de sufrir apnea del sueño

Numerosos trabajos científicos han relacionado la apnea del sueño con factores de riesgo cardiovascular. Dejar de respirar durante lapsos de tiempo variable durante la noche provoca una reducción del aporte de oxígeno a través de la sangre que afecta a todo el organismo. Esta falta de oxígeno en las arterias genera, entre otras cosas, una descarga de hormonas implicadas en el estrés celular (adrenalina y noradrenalina), que causan picos de tensión arterial y taquicardia que comprometen el funcionamiento normal del corazón durante el sueño.

El 50 % de las personas con apnea del sueño tienen cifras de tensión arterial más altas que el resto de la población y un riesgo mayor de sufrir enfermedades cardiovasculares importantes como la cardiopatía isquémica, el infarto cerebral o arritmias (fundamentalmente, fibrilación auricular).

Asimismo, la mala calidad del sueño nocturno asociado a la apnea multiplica la probabilidad de desarrollar diabetes de tipo 2, sobrepeso y obesidad; tres problemas que a su vez incrementan el riesgo cardiovascular.

Finalmente, no descansar adecuadamente durante la noche multiplica el riesgo de sufrir accidentes de tráfico y siniestros laborales, además de caídas e incidentes de menor consideración derivados de no tener los reflejos al 100 %.

Tratamiento de la apnea del sueño

Por lo general, el diagnóstico llega tras una evaluación de la respiración y otras funciones corporales en una unidad de sueño o de forma domiciliaria. Normalmente, se hace una polisomnografía nocturna para evaluar la actividad cerebral, vascular, cardiaca, pulmonar… y medir la saturación de oxígeno durante la noche. También están aceptados internacionalmente los estudios en casa que miden las apneas y los fenómenos cardiorrespiratorios que se producen.

En función de los resultados obtenidos, el especialista recomendará un cambio en los estilos de vida (dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol, adelgazar…) o tratamientos dirigidos a eliminar las amígdalas o adenoides si son el problema fundamental, a paliar los síntomas respiratorios derivados de alergias y sinusitis, etc.

En ocasiones, también puede recomendar ciertas férulas dentales para dormir (cuyo objetivo es solo evitar los ronquidos, no evitar la apnea del sueño) o hacerlo con un dispositivo CPAP, dirigido a que el paciente disponga del aire suficiente para que las vías respiratorias se mantengan abiertas y no ronque ni sufra apneas.

En cualquier caso, los especialistas recomiendan no restar importancia a este problema por las implicaciones serias que tiene para la salud general.

Escrito por Alejandra Rodríguez