Las fases del embarazo

El embarazo comienza realmente unos 14 días después de producirse la ovulación, cuando se produce la implantación del óvulo fecundado en el endometrio. Sin embargo, se elige aquella fecha por ser la única que se conoce por la mujer con seguridad, ya que si la ovulación es regular el embarazo se producirá en mitad de ese mes, pero si es irregular, pueden producirse adelantos o atrasos de días o semanas.

Al ser imposible saber exactamente cuándo se ha producido la ovulación y fecundación, se suele tomar la fecha de la última regla como comienzo del embarazo, aunque esto no sea así exactamente. Posteriormente, con la exploración y la ecografía se ve el desarrollo del embarazo y feto, y se establece con mayor seguridad la edad gestacional real.

Por ello, el embarazo se calcula en semanas, desde la fecha de la última regla y normalmente dura 40 semanas (intervalo 37 a 42) a partir de esa fecha. Expresando esta cifra en meses, puede decirse que el embarazo dura diez meses lunares de 28 días, o nueve meses solares (de 30 días) y 8-10 días más.

Prueba de embarazo

La primera prueba que se realiza en todos los embarazos es un análisis para confirmar que la mujer está embarazada.

Las pruebas de embarazo son muy precisas y suelen detectar la gestación desde la primera falta, unas dos semanas después de la concepción. Las pruebas actuales de embarazo buscan detectar la presencia en orina de una hormona fabricada por la placenta en formación: la gonadotrofina coriónica humana o HCG. Durante los primeros 60 días de una gestación única normal las concentraciones de HCG se duplican cada 2 días.

Puede ofrecer resultados positivos con concentraciones de HCG muy bajas en orina, de tal forma que algunos laboratorios comerciales publicitan que sus pruebas son fiables incluso desde el primer día de retraso, aunque para evitar falsos negativos conviene realizarla a los 5-7 días de la falta.

Si la prueba de embarazo da negativo y la falta de regla es muy reciente, conviene repetirla una semana después porque al principio los bajos niveles de hormona en la orina pueden dar un falso negativo, y según van aumentando durante el desarrollo del embarazo, se positiviza.

Revisiones durante el embarazo

Si se sabe o sospecha que se está embarazada, lo más indicado es pedir cita al médico para que hable de la asistencia prenatal y de las pruebas necesarias. El médico le preguntará por la salud general, si se ha tenido más embarazos y si se tiene familiares con alguna enfermedad hereditaria.

El control médico periódico y regular durante el embarazo es esencial para vigilar la correcta evolución del proceso, prevenir posibles complicaciones y problemas y, si éstas se dan, actuar de forma inmediata.

Entre otros aspectos, el médico comprobará si se toma la cantidad correcta de un suplemento de ácido fólico (400 microgramos al día) y dará recomendaciones generales sobre el embarazo.

La primera consulta

La primera consulta suele llevarse a cabo cuanto antes (habitualmente entre la 8ª y 10ª semana), y nunca debe superar la 12ª semana. Se trata de una visita prenatal detallada y puede requerir cierto tiempo. Algunas mujeres precisan dos consultas para cubrir todos los aspectos.

Se indicará la fecha aproximada del parto y se realizará una ecografía para confirmar que el tamaño del bebé coincide con las fechas calculadas y para comprobar si se espera más de un bebé.

La matrona o el médico prescribirán un análisis de sangre. Aunque puede haber algunas diferencias entre los distintos centros sanitarios, los análisis de sangre que se realizan normalmente en la primera consulta son los siguientes: • Grupo sanguíneo y Rh. Si hay discrepancias entre la madre y el padre biológico puede haber problemas durante el embarazo, en el recién nacido y en embarazos posteriores que pueden evitarse.

  • Hemoglobina y hematocrito para comprobar si se tiene anemia.
  • Pruebas sexológicas de enfermedades infecciosas para la detección de posibles infecciones que puedan afectar a la madre y al bebé, como la hepatitis B, la sífilis, la toxoplasmosis y el VIH.
  • Inmunidad frente a la rubéola y varicela. Si no se está vacunada y se carece de inmunidad, el médico indicará lo que se puede hacer para reducir el riesgo de sufrir esta enfermedad y lo que se debe hacer si se contrae.
  • Una analítica de orina para ver si existe infección o pérdida de proteínas.
  • Glucemia basal, lípidos, …

Es posible que se deba realizar otras pruebas, dependiendo de la historia clínica y de la raza.

Pesarán y medirán a la madre. Si se tiene exceso o falta de peso, es posible que se necesiten cuidados adicionales.

No suele ser necesario efectuar una exploración ginecológica, aunque quizá hagan una citología si ha pasado mucho tiempo desde la última o si se ha tenido síntomas de infección vaginal.

Controles periódicos de seguimiento

La frecuencia de las visitas sucesivas viene determinada por las características individuales de cada embarazo, valorando los factores de riesgo asociados.

De forma general las mujeres sanas suelen tener unas diez revisiones en el primer embarazo, incluida la primera consulta. Las mujeres que hayan tenido previamente uno o varios embarazos normales necesitan sólo siete revisiones, pero esto dependerá, de cada caso concreto y de la opinión de especialista que controle el embarazo.

En todas las consultas tomarán la tensión arterial, harán un análisis de orina y controlarán el desarrollo del bebé.

Revisión de la salud de la madre

Controlarán la tensión arterial, ya que puede aumentar durante el embarazo. Harán análisis de orina para ver si se tiene alguna infección y para detectar la presencia de proteínas.

También se controlará la glucemia y se realizarán pruebas adicionales para valorar el riesgo de diabetes gestacional.

Las proteínas en la orina y el aumento de la tensión arterial son dos signos de preeclampsia, una afección que no tiene otros síntomas, pero que puede resultar perjudicial para la madre y el niño, ya que a veces es necesario adelantar el parto.

Revisión del desarrollo del feto

Conforme el bebe crece, el útero no cabe en la pelvis y se desplaza por encima de ella; es lo que se llama coloquialmente “la tripa”. La parte superior se denomina fondo uterino. Medirán la altura del fondo para garantizar que el bebé está creciendo.

No es habitual comprobar el latido del niño, pero algunas mujeres quieren escucharlo para quedarse más tranquilas. Para ello, la matrona o el médico colocan un dispositivo, un micrófono sobre el abdomen que amplifica el latido.

Alrededor de las 19-20 semanas, se empieza a sentir cómo se mueve el feto, aunque algunas mujeres lo notan ya a partir de la 16ª, pero esto depende de muchos factores, ya que hay embarazadas que los sienten antes, otras después, otras apenas los sienten…sin que existan unos factores claros que lo expliquen.

Los bebés tienen momentos activos y otros de reposo. En los primeros meses, tienen mucho espacio y se mueven mucho.

El feto se mueve más después de que la madre haya comido, y a veces estos movimientos se confunden con los propios del tubo digestivo. En muchos casos, el feto no se mueve, ya que puede estar durmiendo.

Conforme avanza el embarazo, la matrona o el médico preguntarán por los movimientos del bebé e intentarán determinar su posición palpando el abdomen. Hacia el final de la gestación, la cabeza suele descender hasta la pelvis y adoptar una postura lista para el parto (se dice que la cabeza está ya colocada).

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