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En estos casos, es conveniente practicar una repetición de glucosa y/o una determinación de glucosa en sangre (una hora después de una ingesta de 50 gramos de glucosa disuelta en agua -prueba de O’Sullivan-).
Si el resultado es una cifra de glucosa igual o superior a 140 mg%, se deberá realizar una prueba se sobrecarga con 75 gramos de glucosa para confirmación. Si el resultado una hora después de esa ingesta la glucemia es de 180 mg% o superior, debemos admitir que se trata de una diabetes gestacional.
El embarazo significa mayor gasto, mayor requerimiento de la bioquímica corporal. La futura mamá experimenta un incremento metabólico en todos sus órganos. El exceso de producción lo acusa el páncreas que, a veces, no puede segregar suficiente insulina para vencer cierta resistencia a la utilización de glucosa (resistencia insulínica).
Una pauta alimentaria adecuada y una actividad física ligera equilibran perfectamente esa exigencia fisiológica. A mayor peso, mayor riesgo de diabetes gestacional.
"Es necesario insistir en la pauta correcta de alimentación, equilibrando el contenido de nutrientes, porque es la sencilla medida que es suficiente en un elevado porcentaje de diabetes gestacionales."
El exceso de glucosa en sangre puede ocasionar bebés con exceso de peso y de talla (macrosomia), con el consiguiente riesgo de tener que recurrir a parto quirúrgico (cesárea). En ocasiones también puede provocar un parto prematuro, al crecer el feto más y demasiado rápido en los últimos meses de embarazo.
Y un parto prematuro aumenta el riesgo de padecimientos pulmonares del recién nacido, porque los pulmones son el órgano que se desarrolla más tardíamente.
Asimismo, padecer diabetes gestacional favorece el padecimiento de toxemia, incidencia que se acompaña de hipertensión y retención de líquidos en brazos y piernas, con peligro tanto para la madre como para el bebé.
Las pautas de atención a la diabetes gestacional, son similares a la diabetes tipo II (no insulinodependiente): paseo diario de una hora, control de peso y de dieta, repartida en 6 raciones al día, de hidratos de carbono (pan, pasta, patatas, arroz, pastelería y productos azucarados); sin embargo si ello no se lograra deberíamos recurrir a la aplicación de insulina, porque los antidiabéticos orales podrían causar daño fetal.
La consulta al especialista endocrinólogo se hace imprescindible. El decidirá, conjuntamente con el ginecólogo, los controles periódicos de tensión arterial y las determinaciones en sangre y orina pertinentes.
Es necesario insistir en la pauta correcta de alimentación, equilibrando el contenido de nutrientes, porque es la sencilla medida que es suficiente en un elevado porcentaje de diabetes gestacionales.
La salud del bebé y de la mamá depende en gran manera de saber alimentarse durante el embarazo. Una alimentación científica no significa restricciones incómodas o aburridas.