Prevención de las enfermedades cardiovasculares

Es un hecho que el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular aumenta significativa y progresivamente a partir de los 45 años en los hombres y los 55 en la mujer. Sin embargo, en la actualidad esta aseveración ya no es tan clara, pues se ha constatado que los denominados factores de riesgo (obesidad, diabetes, hipertensión arterial, colesterol elevado y sedentarismo) están ya claramente presentes en un segmento importante de la población infantil de los países desarrollados.

El alto índice de obesidad infantil, que se sitúa ya en torno al 15%, determina hoy un futuro preocupante de cara a la salud cardiovascular de los países desarrollados. Y esto es así porque ha fallado la primera premisa fundamental de la prevención primaria, que se centra en la educación de la población desde muy pequeños en dos hábitos de vida saludables que son esenciales para preservar la salud del corazón: dieta sana y equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico.

Si los padres desconocen esta premisa básica o no la practican, difícilmente podrán transmitirla a sus hijos, abocándoles a un riesgo mayor de sufrir enfermedades cardiovasculares en la edad adulta e incluso de morir a causa de ellas.

Prevención en adultos
Otro aspecto importante de la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares a tener en cuenta es que el envejecimiento es en sí mismo un factor de riesgo, como lo evidencia el hecho de que a partir de los 45 años en los hombres y 55 en las mujeres el riesgo de sufrirla aumenta. Y el problema es que en este tipo de enfermedades cuando empiezan a manifestarse los síntomas implica el hecho de que el daño ya está hecho y que el problema es irreversible. Además, en ocasiones el primer síntoma puede ser un infarto de miocardio u otro tipo de accidente cardiovascular.

Nuevamente la prevención pasa por llevar una vida saludable basada en una dieta equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico. Pero en este caso hay que añadir otros hábitos saludables relativos a la evitación de factores de riesgo: no fumar, no consumir alcohol, no practicar deporte en ambientes contaminados o evitar el estrés

El control de la salud
Lo cierto es que cuando se habla de prevención de las enfermedades cardiosaludables en la edad adulta, se suele hablar únicamente de los hábitos de vida saludables y se omite otra medida fundamental: el control de la salud.

La creencia de que si no hay síntomas no hay enfermedad hace que sean muy pocos los que se someten a revisiones médicas regulares para conocer su estado de salud. Algo tan sencillo como ir al médico al menos una vez al año para tomarse la tensión y someterse a una analítica (bioquímica y hemograma) que permita revisar la glucosa en sangre, el colesterol, los triglicéridos, etc. También es bueno, especialmente si los niveles de estrés son elevados, realizar otro tipo de pruebas médicas, como un electrocardiograma, una prueba de esfuerzo u otras que el cardiólogo considere necesarias.

Ésta es la única manera real de conocer el estado de salud cardiovascular de una persona y también la de detectar lo más precozmente posible la aparición de los temidos factores de riesgo cardiovascular: hipertensión arterial, diabetes, hipercolesterolemia, etc. Cuando se detectan en su fase inicial, estas enfermedades pueden ser controladas eficazmente mediante medidas correctoras de los hábitos de vida. Si no, habrá que seguir tratamientos farmacológicos y de control durante el resto de la vida, ya que el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular ya estará instaurado.

Y esto es lo que define otro escalón de la prevención de este tipo de enfermedades, lo que se denomina prevención secundaria, que se fundamenta en dos pilares básicos: el cumplimiento del tratamiento para mantener estables de los factores de riesgo y el control periódico acudiendo a la consulta del médico para someterse a una revisión rutinaria, que asegure que todos ellos estén controlados y que no se hayan producido las complicaciones asociadas a cada uno de ellos, muchas de ellas graves.

En definitiva, la premisa fundamental de la prevención de las enfermedades cardiovasculares es ser consciente de que no basta con sentirse bien, sino que hay que tener la certeza de que realmente es así. Y ello sólo es posible sometiéndose a controles médicos de forma regular.

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